El aeropuerto de Galápagos, Ecuador, es climáticamente neutro

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El aeropuerto ocupa una superficie de 6.000 m2 y tiene una capacidad limitada a diez vuelos diarios, con un promedio de 100 pasajeros por vuelo. Está diseñado para aprovechar la luz solar a través de grandes ventanales, y para lograr el máximo aprovechamiento del viento, que pasa por un sistema de conductos y genera una brisa fresca dentro de la terminal. Parte de la demanda de energía eléctrica se satisface con una instalación fotovoltaica y en las instalaciones sanitarias se ahorra más de un 30 % de agua potable utilizando agua de lluvia, mientras que el agua de los lavabos procede de una planta desalinizadora. Además, todo el material sobrante del antiguo aeropuerto, como la piedra o la madera, fue reutilizado en la construcción de las nuevas instalaciones.

Se convirtió en el Primer Aeropuerto Ecológico del mundo, como construcción completa, el 20 de noviembre de 2014, tras ser certificado LEED Nivel Oro por el U.S. Green Building Council (Consejo Americano de Construcción Sostenible).El aeropuerto se ubica en Baltra, una de las 13 grandes islas volcánicas que forman el archipiélago, que en 1979 fue el primer sitio del mundo declarado Patrimonio Natural de la Humanidad por la Unesco, y que en 1985 fue declarado Reserva de la Biosfera.

El aeropuerto ahora se ha sumado al programa de Acreditación de Carbono en los Aeropuertos (ACA), que es un programa voluntario e independiente administrado por la consultora WSP, y supervisado por un consejo asesor que incluye a representantes de ONU Cambio Climático, La Organización de Aviación Civil Internacional, ONU Medio Ambiente, la Comisión Europea, la Conferencia Europea de Aviación Civil, EUROCONTROL y la Universidad Metropolitana de Manchester.

El ACA tiene cuatro niveles de acreditación que cubren todas las etapas de la gestión de emisiones del aeropuerto: mapeo, reducción, optimización y neutralidad (llamado Nivel 3+ en el marco del programa). El programa ACA se presentó en Consejo Internacional de Aeropuertos (ACI) en Europa en 2009.

Además de reducir su huella de carbono mediante medidas de eficiencia energética y del uso de energía renovable, estos aeropuertos invirtieron en compensaciones de carbono que, posteriormente, financiaron biomasa y proyectos eficientes de cocinas, emitidos bajo el Mecanismo de Desarrollo Limpio (MDL) de la ONU y el Estándar de Oro (Gold Standard).

El IPCC (Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático) ha estimado que la aviación representa el 2 % de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero, del cual el 5 % corresponde a las operaciones aeroportuarias.

“Es un gran honor para nosotros recibir esta certificación del nivel 3+ de neutralidad como primer aeropuerto en América Latina y el Caribe”, afirmó Jorge Rosillo, Director General del aeropuerto ecológico de Galápagos, en Ecuador.

Los aeropuertos pueden abordar sus emisiones de CO2 de diversas maneras, por ejemplo, al adoptar medidas de eficiencia energética, cambiar a fuentes de energía verde, invertir en vehículos de servicio híbridos, eléctricos o de gas, alentar a los empleados, pasajeros y visitantes a utilizar el transporte público, o trabajar con las aerolíneas y los gestores del tránsito aéreo para reducir los tiempos de rodaje de la pista e implementar procesos de aterrizaje verde.

En la actualidad, dentro de los aeropuertos certificados en uno de los cuatro niveles del ACA, 10 se encuentran en África, 41 en Asia-Pacífico, 118 en Europa, 8 en América Latina y el Caribe y 34 en América del Norte.