Podría estar ignorando el mayor problema de su instalación solar

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Suciedad. Probablemente sea el último detalle que se le venga a la mente al planificar una instalación solar. En caso de que sí lo considere, podría pensarse que con unas gotas de agua y un poco de limpieza se acabaron los inconvenientes. ¿O no?  

Para los expertos en la operación de grandes instalaciones fotovoltaicas, la suciedad no es algo que deban tomarse a la ligera.  

Los niveles de suciedad de cualquier instalación tienen un impacto directo en su producción de energía. Los factores que determinan el nivel de suciedad de cada instalación varían, e incluyen factores tan variopintos como el polvo, el viento, la humedad, la proximidad de instalaciones agrícolas, carreteras o montañas. Todos ellos redundan en un factor importante, que es la cantidad de energía que se pierde a causa de la suciedad.   

La reducción en la generación de energía que causa la suciedad tiene incluso un nombre propio, se conoce como “pérdida por suciedad”. Si bien su impacto puede empezar siendo pequeño –por ejemplo, si en un principio afecta a un solo módulo–, es posible que termine afectando a toda la planta solar. Además de reducir la generación de energía, la suciedad puede incrementar la temperatura en los paneles y deteriorar la instalación.  

El formato más común de suciedad son las partículas de tierra, también conocidas como polvo, y cada vez que las partículas de polvo se asientan sobre la superficie del panel, crean un efecto de sombra prolongado sobre el mismo, lo que propicia la formación de pequeños puntos calientes que dañan la producción de energía del panel.  

La acumulación de polvo puede suponer una pérdida de eficiencia energética de hasta el 40%. Pruebe a pensar en estas cifras para un año y, después, para 25 años.     

 

Robots de limpieza automática Ecoppia H4. Source: Ecoppia

 

La mejor manera de eliminar este problema es asegurarse de mantener los paneles limpios; sin embargo, no basta con limpiarlos de vez en cuando. Si las capas de suciedad y polvo permanecen en la superficie durante un par de días, con el aumento de la humedad y al secarse, las partículas de polvo se unifican formando una capa similar al cemento, que bloquea aún más la luz. Por otra parte, cuanto más tiempo transcurre entre una limpieza y otra, más capas de cementación se crean, lo que provoca un fenómeno llamado “Caking”, que forma capas consecutivas de cementación y dificulta aún más cada ciclo de limpieza y lo hace más peligroso para el panel mismo y su lamina más delicada: el recubrimiento antirreflectante (ARC). Producir energía con una capa de ARC dañada es aún peor que no producirla.    

Comprender la importancia de la limpieza y su frecuencia no es suficiente. También es necesario elegir el método más rentable. Ese método depende de varios factores. Por ejemplo, si su instalación es pequeña, la limpieza puede hacerse manualmente, o puede elegir un equipo de limpieza semiautomática y una sola persona puede encargarse de todo.  

El problema surge al intentar aplicar este método en instalaciones a gran escala. ¿Alguna vez ha intentado cocinar arroz con una vela? Es lo mismo que intentar limpiar una instalación solar de envergadura solo con limpieza manual: resulta prácticamente imposible, y los resultados no son satisfactorios. La limpieza manual de grandes plantas no solo es difícil, sino que resulta imposible llevar a cabo ciclos de limpieza frecuentes.   

Dejando a un lado el tremendo trabajo que conlleva un ciclo de limpieza, los costes de mano de obra junto con la escasez de agua no son una solución a largo plazo, sobre todo para proyectos con una duración superior a 20 años. Para limpiar un solo panel se necesitan aproximadamente 2 litros de agua. Si tomamos como ejemplo las regiones de América Latina, ya sabemos que se espera que toda el agua disponible se agote para 2050.   

Además de la crisis del agua, esperamos que en los próximos años se construyan parques solares enormes que generarán cientos de miles de MW y suministrarán energía a millones de hogares. Se estima que el 79% de esos parques solares se ubicarán en zonas remotas y áridas, donde son vulnerables al polvo y la arena. No es fácil disponer de mano de obra cualificada que pueda ocuparse de instalaciones tan grandes en lugares remotos. Incluso si ignoramos este problema, los confinamientos, como el provocado por la pandemia de la Covid-19, o posibles huelgas laborales, pueden retrasar la limpieza frecuente y añadir mucha incertidumbre innecesaria e inesperada.  

Si tenemos en cuenta estas inquietudes y obstáculos, la automatización puede ser una solución rentable, fiable y mucho más segura para las grandes instalaciones solares. Con tarifas cada año más bajas y proyectos que deben demostrar su rentabilidad a lo largo de toda su vida útil, los protagonistas del sector energético deben tener en cuenta todas las variables posibles para reducir al mínimo la incertidumbre. Si analizamos las grandes empresas energéticas de todo el mundo, vemos un gran cambio hacia la automatización total. Esta ofrece la solución más sostenible y versátil, y mitiga, al mismo tiempo, casi cualquier riesgo innecesario.   

Sin duda, la automatización es el futuro de la limpieza de instalaciones solares, y ya está aquí. La pregunta es: ¿usted quiere rentabilidad o elige quedarse atrás?

 

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