Una energía imparable

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Hay un hecho innegable: juntos, la energía solar fotovoltaica y el almacenamiento son una fuerza imparable. Dadas sus innumerables características únicas descentralización, efectos operativos positivos y descarga rápida, por nombrar solo algunas de las más importantes- están predestinados a liderar la transición energética desde los combustibles fósiles hasta las energías renovables, y a dar un nuevo ejemplo ecológico. Y a pesar de las subvenciones que siguen recibiendo los combustibles fósiles, y de la impresionantes excavaciones en su búsqueda que algunos siguen realizando en un intento por aferrarse a ellos, el binomio solar + almacenamiento sigue experimentando una caída de precios y un crecimiento de potencia instalada.
Según las últimas cifras compartidas por Fraunhofer ISE, a finales de 2018, la capacidad fotovoltaica acumulada alcanzaba los 515 GW, y representaba el 2,6% de la cuota mundial de generación eléctrica. La tasa de crecimiento anual compuesta de las instalaciones fotovoltaicas fue del 24% entre 2010 y 2017, y parece que esta cidra se mantendrá y, en muchos casos, se superará. Esto significa que a partir de 2030 puede que se instale más de un teravatio de energía solar al año.
Gran responsabilidad
Un conocido dicho inglés cuya autoría se discute (¿Voltaire, Churchill, Spiderman?), el significado es muy claro: “With great power comes great responsibility” (A más poder, más responsabilidad).
Uno de los temas más urgentes para la industria en los próximos años es el fin de la vida útil. Según las cifras más recientes de la Agencia Internacional de la Energía (AIE) y de la Agencia Internacional de Energías Renovables (IRENA), que publicaron en 2016 un informe titulado “End of Life Management, Solar Photovoltaic Panels” (Gestión del final de la vida útil de los paneles solares fotovoltaicos), se espera que en la década de 2050 se produzcan entre 60 y 78 millones de toneladas métricas de residuos fotovoltaicos (véase el gráfico de la parte inferior derecha), y que China, Estados Unidos, Japón, la India y Alemania encabecen el proceso.
Pocos países han adoptado regulaciones específicas para residuos fotovoltaicos. Esto es un problema según expertos como Dustin Mulvaney, profesor asociado del Departamento de Estudios Ambientales de la Universidad Estatal de San José, y Michael Braungart, uno de los fundadores del Partido Verde de Alemania, cofundador de la división de química de Greenpeace, y visionario del concepto “de la cuna a la cuna” (En inglés, Cradle to Cradle, véase la explicación abajo), sobre todo si se tiene en cuenta el hecho de que en los módulos fotovoltaicos se siguen utilizando productos químicos peligrosos, como el plomo.
Sus volúmenes pueden ser pequeños a nivel de módulo individual, pero si consideramos la capacidad con la que se producirán los módulos en un futuro próximo, el tema se vuelve más pertinente, y es uno de los puntos clave de discusión en el que nos centraremos en futuras ediciones de pv magazine. Circusol (Circular Business Models for the Solar Power Industry) – un proyecto de cuatro años financiado por el programa Horizon 2020 de la Comisión Europea – señala además que los actuales módulos fotovoltaicos en el mercado “no pueden ser ‘reabiertos’ y la única manera de reciclarlos es a través de procesos destructivos como la trituración”.
Por su parte, Michael Braungart afirma: “Los materiales que se utilizan en la energía fotovoltaica nunca han sido concebidos para ser reciclados. Nunca se trata de reciclar, solo de reducir”.
Las cuestiones de sostenibilidad relacionadas con la eliminación de materiales conflictivos, como el cobalto para baterías, y la manipulación de productos químicos como el ácido fluorhídrico en los procesos de producción, también son preocupaciones que deben examinarse detenidamente.
Sería devastador que la transición energética se retrasara debido a las dudas sobre su responsabilidad social y económica.
Pausa para la reflexión
El 2 de abril de 2019, la empresa de moda ecológica Veja, con sede en Francia, envió una actualización a sus seguidores de los medios sociales: “Hace unos años, nos dimos cuenta de que Veja iba por el camino equivocado. Teníamos una zapatilla que era diferente, más ecológica, más equilibrada socialmente que las otras marcas, pero ¿qué pasa con el resto? ¿Qué hay de nuestro equipo? ¿Qué hay de nuestra oficina en París? ¿Qué hay de los otros proveedores? En 2007 nos dimos cuenta de que se podía hacer el mejor proyecto ecológico y seguir siendo el peor tipo de empresa… Cuando cambiamos en 2009, nadie entendía por qué. Hoy, la respuesta aparece claramente: Nosotros, como empresa, somos responsables de todos los pasos que damos”.
Puede que Veja no tenga nada que ver directamente con la industria solar o de almacenamiento, sin embargo el apunte que hace no podría ser más relevante. De hecho, si bien es motivo de celebración que la energía solar y el almacenamiento sean los superhéroes de nuestra historia, aún debemos reflexionar acerca de la transición hacia la energía verde.
¿Se está haciendo todo lo posible para crear una industria verdaderamente renovable? ¿Son los productos y las prácticas de fabricación suficientemente limpios? ¿Se están abordando adecuadamente las cuestiones relativas a los derechos humanos y la igualdad?
El empleo de energías renovables tiene el potencial no solo de abordar los problemas creados por los combustibles fósiles -incluyendo los dos más críticos: la geopolítica y la contaminación- sino que también podría ayudar a centrarse en otros como la pobreza energética, la falta de educación y la desigualdad racial y de género.
Estableciendo un nuevo rumbo
Creemos que la industria debería hacer algo más que generar electricidad renovable. También debería ayudar a construir una sociedad renovable.
Por este motivo, pv magazine ha creado una nueva agenda editorial. A través de nuestro programa UP nos adentraremos en el tema de la sostenibilidad en las industrias solar y de almacenamiento.
Trataremos la economía circular, el enfoque Cradle to cradle, y otros, a través de nuestras diversas plataformas digitales, en nuestras revistas impresas, y a través de nuestras mesas redondas y webinars.
Junto con vosotros, los actores que impulsan la industria solar y de almacenamiento, queremos definir qué significa ser verdaderamente sostenible, analizar lo que ya se está haciendo en este campo, discutir las áreas de mejora y establecer objetivos de sostenibilidad, plazos y criterios de evaluación. Abrir el debate y hacer avanzar a la industria de una manera renovable.
En la edición de mayo de pv magazine recogemos la visión de Braungart para el futuro de la energía solar, descubrir lo que ya está sucediendo en el área de la sostenibilidad a nivel mundial y leer sobre los esfuerzos de Volkswagen para mejorar su apuesta verde. Mientras tanto, durante los próximos dos días, podrá leer entrevistas online con JinkoSolar y DSM sobre sus esfuerzos de sostenibilidad.
¡Ayúdanos a dar forma a la agenda de la sostenibilidad!
¿Qué es cradle to cradle?
 
Después de lanzar los Principios de Hannover en 1992 -un conjunto de nueve declaraciones en torno al impacto ambiental, social y de crecimiento sostenible del diseño de edificios y objetos- Michael Braungart y William McDonough publicaron Cradle to Cradle: Remaking the Way We Make Things (De la cuna a la cuna. Rediseñando la forma en que hacemos las cosas) en 2002. Se trata de un manifiesto en el que se pide un replanteamiento de la forma en que se diseñan los productos, basado en un sistema biomimético de desarrollo del ciclo de vida, que coloca los componentes de los productos en una esfera continua de nutrientes tecnológicos o biológicos. La idea es que los productos pueden tener un efecto positivo en las personas y el medioambiente, si se hacen correctamente, es decir, si se piensa en los residuos como alimentos. Presentan lo que dicen como una solución donde las necesidades de los ambientalistas y capitalistas pueden ir de la mano. Los productos también pueden recibir la certificación C2C a través del C2C Products Innovation Institute, un organismo independiente sin ánimo de lucro. En general, hay cinco niveles diferentes de certificación, que van desde “Básico” hasta “Platino”.