Intersolar South America aborda los desafíos y promesas del mercado solar brasileño

En un enorme recinto ferial en un suburbio al norte de São Paulo, Intersolar South America abrió sus puertas el 26 de Agosto. La todavía relativamente pequeña feria comparte el cavernoso espacio del edificio con al menos otros dos eventos de la industria, por lo que es un tanto difícil discernir la línea en la que termina Intersolar y empieza ENEI, el evento del sector eléctrico brasileño.
A pesar de su nombre, Intersolar South America 2014 está realmente más enfocada en su país anfitrión. Brasil acapara el centro de su atención, ocupando Chile menos protagonismo y meras menciones testimoniales a Uruguay u otros mercados. Y el mercado brasileño ha estado repleto últimamente de buenas noticias, incluyendo el anuncio de una subasta de energía exclusivamente para la solar como parte de la licitación de reserva de octubre y la publicación de las reglas de contenido local para acceder a la financiación del banco nacional de desarrollo BNDES.
Sin embargo, incluso con esos notables desarrollos, las circunstancias del evento son una muestra de la posición que ocupa la solar en Brasil. Ésta y otras energías renovables compitiendo por el espacio con otras prioridades nacionales, incluyendo el omnipresente impulso del desarrollo económico.
Jürgen Beigel, de la agencia alemana de cooperación internacional GIZ, estima que la nación necesitará añadir 60 gigavatios de nueva capacidad de generación eléctrica con cara a 2020 para satisfacer la demanda de la creciente población y economía.
Otro aspecto a considerar es el agua. Brasil tiene gran dependencia de la barata hidroeléctrica, pero dos años de sequía han reducido la generación desde este sector, provocando una mayor dependencia de los combustibles fósiles. Viento y sol pueden ayudar a solventar este problema, sin embargo, las energías renovables siguen siendo tratadas como un medio para conseguir un fin y no como un fin en sí mismo.
Las sesiones de conferencias del primer día fueron cautelosas en abordar las barreras reales del mercado. Principalmente, el sector de la generación distribuida está paralizado por los impuestos a los que está sometida la producción de los sistemas de autoconsumo, lo que ha provocado que este segmento haya nacido ya muerto. La extremada dificultad para acceder a financiación y los elevados impuestos a productos fotovoltaicos importados, junto con la falta de productores nacionales, son el mayor desafío al que se enfrentan las grandes centrales.
A pesar de ello, hay motivos para estar esperanzados. La empresa S4 Solar do Brasil anunciaba la semana pasada su plan de levantar una planta de ensamblaje de módulos en el estado de Goiás, para la que espera una capacidad de producción de 100 megavatios anuales, lo que triplicaría la actual capacidad de producción local. Esto podría interpretarse como una reacción directa a las normas de contenido local del BNDES, que estipulan que los proyectos solares que se financien a partir de 2016 estén dotados con módulos ensamblados en Brasil.
Lilian Alves, analista de Latinoamérica en Bloomberg New Energy Finance (BNEF), indica que el acceso a esta financiación va ser un factor determinante para los proyectos solares. Preguntada sobre si los proyectos de grandes centrales que resulten de la licitación de octubre podrán ser construidos sin financiación del BNDES, Alves indica que cree “que sería muy difícil. Las cifras no cuadran”.
Esta combinación entre promesa y desafíos reales la resume muy acertadamente Jürgen Beigel de la GIZ: “Quien quiera hacer negocios aquí en Brasil debería preparase más para correr un maratón que para una carrera corta”. (Christian Roselund)